El juego de la condena ajena.


Para mucha gente, el aborrecimiento y la ira ofrecen dividendos de inmediata satisfacción, más elevados que el amor. Congénitamente agresivos, a menudo se convierten en adictos a la adrealina, dando rienda suelta a sus más bajas pasiones, en nombre del placer que obtienen de sus glándulas de secreción interna psíquicamente estimuladas.

Sabiendo que toda aseveración termina siempre suscitando otras aserciones necesariamente contrapuestas, cultivan diligentemente su truculencia y , muy seguros de sí mismos, no tienen inconveniente en hallarse metidos de lleno en la refriega.

La pelea es lo que más les satisface, porque mientras pelean, su sangre efervescente les permite sentirse con mayor intensidad a sí mismos.

Aceptan con naturalidad que <<sentirse buenos>> significa ser buenos. Racionalizan su adicción a la adrenalina mediante una <<justa indignación>> y finalmente se convencen, como el profeta Jonás, en forma inamovible, que hacen muy bien en indignarse.

Aldous Huxley en ‘Los Demonios de Loudun” 1952

La ansiedad, la incomodidad, la frustración y la falta de control sobre la vida poco a poco ha estado orillando a la gente a la pérdida del sentido, al abandono de la lógica y pareciera que cada vez con mas vehemencia la gente se lanza al vacío del descontrol emocional.

Si, estoy días he sido el entretenimiento de un séquito de personas, que sin tener que hacer se han dedicado a insultar sin fundamente a mi persona y a mi trabajo.

Pues que mejor forma de enaltecerse, de sentirse moralmente superior y de encontrar aquel apice de sentido necesario para no caer del todo en la locura y que junto al abuso desmedido del control de los gobiernos sobre personas ya flageladas por la desesperanza de una vida no realizada; que jugar al juego de la condena ajena.

He notado que este juego es más frecuente cuanto más restricción hay en el mundo, cuanto más se ahorcan las libertades físicas, más violenta es aquella necesidad sádica de destruir emocionalmente a los otros y junto con ellos, a nosotros mismos en un ejercicio de destrucción-auto-destrucción, que solo termina deprimiéndonos más a fondo, separándonos y evidenciando lo alienados que estamos de la realidad conforme pasan los días y los años.

Pareciera que la más terrible de las ofensas a día de hoy; es decir la verdad.

El arte pareciera que tampoco es la respuesta. O acaso lo es?

Acaso no termino yo ganando, pues logro vulnerar sus ya frágiles cimientos emocionales? acaso no caen en la trampa del arte y siguen obedientemente la pauta que les estoy marcando por medio de mis símbolos y la crudeza de la imagen?

Acaso no logro el objetivo de forzarles a enfrentar aquella realidad que tan eficientemente y por medio de una ignorancia deliberada, apartan de su día con día, para no arriesgar la comodidad de su ya intransigente forma de vivir? Es posible que con aquellas rabietas y acusaciones infundadas, ignorantes y fanáticas de aquella ‘causa justa’ de rutina ,logre mis propósitos aún cuando aquel logro venga disimulado por el insulto?

Pues creo que si, y es que se me olvida que tengo la dicha de rodearme desde hace ya mucho tiempo de mentes críticas, de maravillosas personas con sentido común, sensibilidad, empatía e inteligencia. Y se me olvida que mi labor tiene que salir de vez en cuando a las calles de los bordes toscos y afilados, donde todo corta, todo ofende y nada es suficiente.

El mundo de hoy.

Y es que , mientras más nos alejemos de esa motivación por encontrarle un sentido a la vida y mientras el individualismo se pervierta cada vez más en fantasías de megalomanía, mas disforme será el sentido de justicia, pertenencia y transcendencia al punto de dejar de reconocernos a nosotros mismos como personas, y nos hayamos convertido en un cúmulo de reacciones y estímulos sin sentido.

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